sábado, 31 de diciembre de 2011


Odio las uvas, por su culpa tengo que empezar el año toda pringosa y con la boca llena como si fuese un Neanderthal.

31 de diciembre, 12 de la noche.
Tiiiiiiiiiiinnnnnnnnnnnn, 
ttttttttiiiiiiiiiiiiiinnnnnnnnnnnnn,
tiiiiiiiiiiiiiiiiinnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnn,
tíííííínnnnnnnnnnnnnn,
tínnnnnnnnnnnnnn, 
tínnnnnnnnnnnnnnn, 
tíííínnnnnnnnnnnn, 
tiiiiiiiiiiinnnnnnnn, 
tiiiiiiiiiiinnnnnnn,
tiiiiiiiiiiinnnnnnnnnnnn,
tiiiiiiiiiiiiiiiiinnnnnnnnnnnnnnnnnnnn, 
tiiiiiiiiiiiiiiiiinnnnnnnnnnnnnnnnnnnn. 
Suena un cuenco tibetano. 
Uvas. Besos. Cava.
Un estruendo nos envuelve y el cielo de Madrid se llena de luces de colores, de Norte a Sur de Este a Oeste..., doy vueltas para observarlos todos, suben y bajan, unos desaparecen y llegan otros nuevos, un montón de formas de colores brillan sobre mi cabeza.

31 de diciembre, 12 de la noche.
El pollo está asándose en el horno, bebo vino, escucho música y bailo en buena compañía, pierdo el sentido del tiempo, de repente un torbellino de mensajes nos devuelven a la realidad, ha comenzado un nuevo día, ha comenzado un nuevo año. Nos besamos y acabamos desnudos sobre la mesa, devorándonos el uno al otro. 
El pollo ya está listo. Sobre la misma mesa lo devoramos a él. 

31 de diciembre, 12 de la noche.
Llevo unos minutos aguantando, tengo que estar con todos en la mesa cuando suenen las campanadas, ya no puedo más, mis intestinos bailan fox-troc, la presentadora hortera de turno anuncia que van a empezar los cuartos, también mis sudores, suena la tercera campanada, desaparezco a  la carrera, todos me miran alucinados y tras un brevísimo momento de desconcierto, siguen comiéndose las uvas a carrillos llenos. Comienzo feliz el año, me siento tan bien como si me hubiese quitado unos incómodos zapatos de tacón de aguja, empiezo el año ligera, ¡ojalá mi mente fuese capaz de expulsar la mierda con la misma facilidad que lo hace mi cuerpo!

31 de diciembre del año 2011.
Escribo en mi blog y reflexiono sobre este año que se va escuchando "Another Sunny Day" de Belle and Sebastian. 


No sé por qué extraña razón me he pasado todo este año pensando que estábamos en el 2012, así que ahora cuando llegue ya estaré muy acostumbrada a él, será como convivir con un viejo amigo.


¡¡¡Obsesionada estoy contigo 2012, como lo estaban los mayas!!!

Atrás queda el año de cuyo número nunca me acordé. Un año muy bueno a nivel personal y muy malo a nivel social y mundial. Se nos ha caído la venda. Vendamos nuestros ojos para no ver lo que  nos hacía daño, lo pintamos de diversión, de cosas que hacer, ¡vamos!, ¡rápido!, ¡no hay que parar!, para no pensar, para no notar el cansancio, para no perderse nada...pero por no perdernos nada resulta que nos lo estábamos perdiendo todo, porque estábamos perdiendo el timón de nuestras vidas y tan entretenidos estábamos que ni siquiera nos dábamos cuenta de en la que nos estaban metiendo.


Dormíamos...despertamos.

Pase lo que pase la vida continúa, y quién sabe lo que el futuro nos deparará. 


Al final como decía Julio Iglesias,
la vida sigue igual.

Antes de despedirme me gustaría daros unos consejitos.
Escuchar esta canción, por favor.


Hay un poema del filósofo árabe del siglo XII Ibn al Arabi, encontrado en las ruinas de una mezquita en la ciudad de Murcia (España) que dice:
Mi corazón acepta todas las creencias
Prado para las gacelas
Y Convento para el monje
Templo para los ídolos
Kabila para el peregrino
Tablas de la Torah y Libro del Corán
Profeso la religión del amor
Doquiera cabalguen sus monturas
Porque el amor es mi única religión y mi fe.
Ibn al Arabi (siglos XII/XIII)

¡¡¡Bonita religión!!!

¡Ojalá todo esto que está pasando sirva para que entre todos empecemos a construir otro mundo mejor!

¡Qué el amor, la alegría y la imaginación iluminen vuestras vidas!

¡¡¡¡¡¡¡FELIZ  2012,

Y FELIZ RESTO DE VUESTRAS VIDAS!!!!!


Besos

domingo, 4 de diciembre de 2011



Supongo que siempre tuve demasiada imaginación para ser una simple ama de casa. 
Certeza: Conocimiento seguro y evidente de que algo es cierto.
Desde mi adolescencia me sentí muy cercana a ella, por su tristeza y  por su vitalidad. Me gustaba su estilo, su frescura, su sonrisa. Años más tarde tuve la certeza de que ella vivía en mí. Creo que entonces comencé mi proceso de recuperación, me gustaba su imaginación, su sensibilidad, su belleza, pero no quería ser una infeliz porque la vida no es una novela ni una película, en la vida tú eres el director, el actor protagonista, el guionista y el espectador, así que hay que lograr que lo que creas sea coherente, interesante, pero sobre todo equilibrado porque si le pones demasiado brío y desenfreno al guión eres tú también la que sufre las consecuencias.

Norma Jeane era una persona muy especial, para que lo entendáis un poco mejor me gustaría que le echaséis un vistazo a este artículo de El País.

Por mi parte hace tiempo que busco el sentido de la vida, aunque no estoy segura de que en realidad todo tenga que tener un sentido, algunas cosas son y ya está, no hay por qué darles más vueltas. Porque a veces de tanto pensar y darle vueltas a las cosas acaban quedándose resecas y sin sustancia, como aquellos pedazos de filete que tanto odiaba de niña, que se pasaban girando y girando en mi boca hasta que quedaban como un viejo estropajo: áspero y seco.
Esta era para mí  una tortura muy habitual, porque casi todos los días laborables tenía que comerme aquella bazofia, esa carne llena de nervios, aunque tengo que confesaros que mi padre tenía razón: los nervios más que el filete los tenía yo, ¡así estaba de delgadita!
 que parecía la Kate Moss.
Eso sí, con el estilo y la elegancia de Margarita Cansinos, más conocida como  Rita Hayworth, a la que siempre recordaremos por el gran ostión que se llevó en Gilda.
Yo de pequeña solía dar, que no recibir, tortazos de ese calibre ya que era mi manera de responder a las afrentas, me ponía seria, echaba una mirada de odio y mi mano avanzaba hacia la cara del ofendido, (yo era más  tierna que nuestro pan Bimbo de cada día y parecía tan frágil como una bolsa reciclable del Carrefur),
así que la persona en cuestión tardaba más tiempo en recuperarse de la sorpresa de mi reacción que del propio golpe. Normalmente mis víctimas, por llamarlas de alguna manera, solían ser niños

que tenían gachetobrazos
que iban a parar a determinadas partes de mi cuerpo que a ellos parecían resultarles de lo más interesante,

¡malditos gusanos enanos salidorros!...
Y es que el colegio es cosa fina, algo así como una jungla, y luego hablan de la inocencia de los niños.
Ahora que no soy una niña lo veo bien claro, la sociedad en la que vivimos es exactamente igual al colegio, está lleno de abusones, el más fuerte, que en este caso es el que tiene más dinero o más poder, abusa del más débil, del pobre, del trabajador, del inmigrante, en resumen, del más desfavorecido; y es que en el fondo sigue imperando la ley de la selva y la humanidad brilla por su ausencia. En este nuevo mundo cuyo auténtico y único dios es el dinero todo vale con tal de tenerlo a manos llenas, hasta olvidar el amor, la compasión y todos los valores que nos dignifican, y a menor o mayor escala eso es lo que hacen muchas, muchas personas, algunas poderosas y otras no tanto. En este mundo en el que vivimos, al igual que en la escuela, todo el mundo quiere ser igual a la mayoría,
 o sea unos borregos,
y se excluye o se critica al que es o piensa diferente, el miedo manda, el miedo y la cursilería, ya que se da más importancia a las palabras que a los actos, con éstos no se tienen remilgos, pero sin embargo hablar claro está muy mal visto, todos nos hemos vuelto muy susceptibles, todos nos tomamos las cosas como algo personal, no somos libres porque somos prisioneros de nuestros propios miedos.
Tras este largo 
 e incisivo paréntesis
os seguiré hablando de Norma Jeane, o sea en cierto modo de mí.
porque no podréis negarme que salvando las distancias de época, estilo de foto y sobre todo edades, si os fijáis en la cara, en la sonrisa y en la forma del nacimiento del cabello, el parecido es asombroso.
Aunque llegara a ser el mayor icono sexual Norma se sentía débil e insegura, quizá por las carencias  afectivas que sufrió de niña. Si de niño no te dan el afecto necesario, eso se queda clavado a cal y canto y es muy difícil superarlo, suele desembocar en tristeza y en inseguridad. Es extraño cómo ella superó todo eso y pudo llegar  a ofrecernos esa imagen de mujer segura de sí misma, cuando en el fondo se sentía como una niña desvalida.
Según un párrafo del artículo de El País que recomiendo se comenta lo siguiente acerca de su triste final:
 "Si las personas escasamente sensibles e inteligentes tienden a hacer daño a los demás, las personas demasiado sensibles y demasiado inteligentes tienden a hacerse daño a sí mismas", escribe Antonio Tabucchi en el prólogo del libro Fragmentos.

Para el escritor italiano, estos textos inéditos de Marilyn revelan una personalidad "intelectual y artística" que ni los biógrafos podían sospechar. "No solo los poemas, sino también las notas breves y las páginas de sus diarios incluidas en este libro (siempre en una prosa marcadamente elíptica, hipersignificante y, por eso mismo, rayana en el lenguaje sibilino propio de la poesía) constituyen de una manera flagrante una búsqueda y una quête. La búsqueda racional de una intelectual que trata de comprender la realidad que la circunda (qué es este mundo, qué significa) y la quête de una persona que se busca a sí misma en este mundo (quién soy yo, qué sentido tengo...). La imagen que Marilyn ha dejado de sí misma esconde un alma que pocos sospechaban. De gran belleza, es un alma que la psicología barata calificaría de neurótica, como se puede calificar de neurótico a todo el que piensa demasiado, a todo el que ama demasiado, a todo el que siente demasiado".
Un buen día, me dí cuenta de que Marilyn Monroe se había reencarnado en mí, así que tuve que luchar y luchar para poder cambiar su alma y su destino, leí libros y más libros, de psicología, y de autoayuda, ¡sí, no me avergüenza decirlo!, algunos son pésimos o súper yanquis, pero otros no lo son, y rascando rascando se pueden encontrar cosillas interesantes. Todo esto y algunas charlas con profesionales, que por cierto, ¡menudo chollo de curro tenían conmigo!, se lo pasaban fenomenal y encima les pagaba...
pues como bien iba diciendo...
todo esto me ha llevado a encontrar el camino del equilibrio y así he podido darle a a la pobre Norma el estado de felicidad que tanto anhelaba.
Por cierto el sentido de la vida, al menos para mí es el AMOR, sí el que lleva mayúsculas, y con él no me refiero únicamente al amor de pareja, sino al AMOR en general en su pureza más extrema.
 Disfrutemos del amor con Julito catedrales.
Pobre niña, pobre Norma Jeane, ahora quizá no sea tan famosa, ni tenga tantos lujos como en su otra vida, pero ¿a quién le importan los lujos cuando se es feliz?
Creo que llegado a este punto de equilibrio, en el que conseguí reconciliarme conmigo misma y con la vida ella abandonó mi cuerpo, y como muestra fehaciente de ello os diré que...


¡Odio el Chanel Nº5!
Así que no me pongo ni una sóla gota,
ni siquiera para dormir.

 Esto casi se ha acabado pero antes de despedirme me gustaría daros unos consejitos:
No olvidéis nunca que los caballeros las prefieren rubias,
pero se casan con las morenas;
que no hay mal que por bien no venga
ni tampoco que dure mil años;
que dios aprieta pero no ahoga o como digo yo,
que ahoga pero no asfixia;
que el amor empieza por uno mismo;
y que la realidad normalmente supera a la ficción.

¿Realidad o ficción?, ¡qué importa!, si a menudo son dos caras de la misma moneda.

Salud y buenos alimentos físicos e intelectuales para todos.

¡Hasta la próxima!

Besos.


domingo, 26 de junio de 2011


Carmen: patrona de los marineros. Nacida en Madrid, capital de España, ciudad sin mar.
Adriana: la que vino del mar. Oriunda de Bolivia, país sin litoral marítimo.
Un montón de gente alrededor de una mesa con pastitas.
Veo llorar a Adriana desconsoladamente; la persona con la que ha compartido la mayor parte del tiempo en estos últimos años ya no está aquí.
"Los suspiros son aire y van al aire, las lágrimas son agua y van al mar, dime mujer, cuando alguien muere, ¿sabes tú adonde va?".
Detrás del cristal miro a la que fue Carmen, mi tía, observo su cuerpecito dentro del brillante ataúd de color negro, me fijo en su placidez, acostumbrada a ver su expresión de contrariedad me da mucho gusto verla así, descansando, ¡¡¡¡por fin!!!!. Reparo en el tono amarillento de su piel, y recuerdo cuando vivía, lucía siempre tan elegante con sus zapatos de tacón, sus faldas de tubo y sus blusas de seda, sus joyas y su pelo peinado en la peluquería. Yo le decía que se parecía a Angela Chaning, no por su maldad, sino por su porte y prestancia.
La actriz que encarnaba a este personaje era Jane Wyman, que entre otras cosas fue la primera esposa del también actor y presidente de Estados Unidos Ronald Reagan.
Increíble pero cierto, a mis treinta y nueve años es la primera vez que veo un muerto así, de cerca. Me resulta muy extraño ver el recipiente sin el contenido, cómo dirían los Astrud le falta el fluido vital. 


Aunque algo diferente, se ve que es ella, sobre todo por su nariz chata con esos redondeados agujeros frontales. Cuando era niña solía pedirle que moviera las aletas, me hacía reír ver esa naricita tan graciosa y peculiar abriendo y cerrando los orificios. Años después un buen día, después de practicar y practicar, conseguí ejecutar aquel magnífico movimiento. Ahora suelo realizarlo habitualmente junto a mi chico, y pasamos muy buenos ratos haciendo esas tonterías, hasta estamos pensando en inventar un lenguaje secreto con movimientos de nariz al estilo Morse, ¿qué pasa es que vosotros no hacéis ese tipo de tontadas con vuestras parejas?, ¿o es que no las contáis?, espero que sea esto último porque si no es así no sabéis lo que os estáis perdiendo...
Mi tía, delgada y estilosa, hacía las delicias de las dependientas de moda cuando entraba en las boutiques, esa era ella, había conseguido ser feliz a pesar de su débil corazón, tenía unos hijos bien posicionados y un marido que la cuidaba y la quería con locura. Hasta que un fatídico día "El Parkinson" se cruzó en su vida y decidió quedarse a vivir con ella, y la fue destrozando poco a poco, hasta dejarla postrada en una cama. Su marido, fiel y amante esposo y Adriana, un angel que llegó desde el Nuevo Mundo para atenderla y darle todo su cariño y amor se ocupaban de ella.
Adriana lleva seis años en España, trabajando y dada de alta en la Seguridad Social y sin embargo aún no tiene sus papeles en regla, a veces me avergüenzo de ser española y de ser europea, somos tan injustos con personas como ella... vienen a cuidar a nuestros ancianos y nosotros se lo pagamos de esa manera. Ella tuvo que emigrar para poder darle a sus hijos una carrera, trabaja de lunes a domingo desempeñando una labor muy importante y valiosa que prácticamente ningún español quiere realizar, y lo que obtiene a cambio son negativas, que hacen que no pueda ir a ver a sus hijos que se gradúan este año y que lleve seis años sin ver a su familia porque no puede regresar a su país, es una tremenda injusticia. Y no quiero ni hablar de las estupideces que escucho acerca de los inmigrantes, que si vienen aquí a quitarnos el trabajo, que si les dan todas las becas y las ayudas, en fin, una verdadera sarta de estupideces.
Conocí a Adriana allí en casa de mi tía. Me ponía muy triste cuando iba a visitarla, pero intentaba disimularlo y hacerla reír, le llevaba pendientes de Starkefashion y se los probaba, y en un espejito le enseñaba lo guapa que estaba, ella se miraba y sonreía y me decía que combinaban muy bien con un collar que tenía, y mandaba a su marido a buscar sus joyas para enseñarme aquel collar y de paso todas las demás alhajas, como una niña a la que le gusta mostrar sus pequeños tesoros.
Es Corpus Christi y no trabajo, llaman por teléfono para decírmelo.
La máquina se paró y su alma voló, ¿quien sabe a dónde?. Ella era católica, supongo que la promesa de cielo debe de ser un gran consuelo cuando la vida se acaba, aunque para ella sólo dejar de sufrir tuvo que ser un regalo maravilloso. Si hubiese nacido bajo una forma diferente a la humana haría tiempo que un alma caritativa hubiese acabado con su larga y esteril agonía.
Yo personalmente, y aunque a algunos de vosotros os pueda resultar obsceno, llevo años deseándole la muerte, y cada vez que iba al hospital y trás la recaida volvía a casa, no podía dejar de pensar en que eso era una locura, en que era absurdo que una persona siguiera viviendo en esas condiciones, sin posibilidad alguna de recuperación ni de mejoría, me sentía muy desanimada y contrariada por su "no muerte", quería que dejara de sufrir y que dejase descansar a mi tío, que con tanta dedicación la ha cuidado todos estos años, los últimos han sido un verdadero infierno.
Adriana bebe tila y llora.
Alguien le dijo que no podía ir a despedirse de la señora Carmen, que sólo podían ir los amigos íntimos y la familia, como si ella fuese una persona ajena, cuando han pasado tanto juntas. No lo puede creer y desesperada llama a la familia para pedirles permiso para acudir a despedirse de su amiga, por supuesto la dicen que será bienvenida. Una vez allí no entiende que nadie cante, que no haya música, ni apenas flores, ni presentes, y menos aún que a las diez todos se vayan a dormir y Carmen se quede allí a solas con la muerte, tan pronto. Aunque no me lo dice sé que le resultan feas y frías nuestras costumbres.
La cojo de la mano y le doy todo mi cariño y mi apoyo, ella me cuenta el último recuerdo que tiene de Carmen, cuando se la llevaban al hospital un par de días antes, Adriana le pidió que le dijera algo antes de irse, entonces Carmen la miró y le dijo: "algo" y las dos rieron cómplices.
Hoy era el entierro. Esta mañana me he arreglado para ir a trabajar y pensando en ella me he puesto un collar que había sido suyo y que me regaló hace unos pocos años; para homenajearla, para recordarla, para tenerla cerca de mi corazón.
¡¡¡Seguirás viviendo siempre mientras te recordemos!!!
Muerte, cuando vengas a buscarme procuraré recibirte con los brazos abiertos.
Pero recuerda que soy española, y aquí tenemos por costumbre llegar siempre tarde a las citas, aquí lo verdaderamente  inapropiado es llegar antes de tiempo, tenlo en cuenta no me vayas a pillar con algún asunto importante entre manos y me cabree y te mande a tomar viento fresco.
¡¡Avisada quedas!!
Besos.

domingo, 1 de mayo de 2011


Reza el dicho popular: “Madre no hay más que una y a ti te encontré en la calle”, aunque yo no sé porque siempre me gustó decir: “Madre no hay más que una y a ti te encontré en la playa”, supongo que porque la playa me parecía algo mucho más exótico, no olvidéis que soy de Madrid y como bien dicen “Los refrescos”, aquí no hay playa.



Y además la playa y el mar albergan tesoros escondidos, en el mar hay cofres sumergidos de barcos piratas, llenos de monedas de oro y piedras preciosas, y en la playa hay conchas, piedras de formas hermosas y redondeadas y cristales de colores; el mar es algo muy especial y  misterioso, como la maternidad.
Uno de mis primeros y más ingratos recuerdos data precisamente de primeros de mayo, debía ser el año 1975 o quizá 1976,  (yo entonces apenas levantaba cuatro palmos del suelo), tenía una profesora que se llamaba Lydia, ella nos mandó una tarea, pintar un tarro de cristal para poner flores dentro, más tarde iríamos a recogerlas para ofrecérselas a la homenajeada del mes de mayo, la Virgen  María, la madre por excelencia. Así que cogí un bote de
tomate frito Solís, 
y con ayuda de mis hermanas, porque era muy chiquitina, quité la etiqueta y  pinté el fondo  de un color rojo muy vivo y en el centro dibujé un enorme y frondoso árbol verde y marrón,  me quedó precioso, muy alegre y colorido.
Pero… no os podéis imaginar cual fue mi disgusto cuando muy ilusionada le enseñé mi trabajo a mi seño, (es que entonces a nuestras profesoras las llamábamos así, seños o señoritas, aunque tuviesen 60 años, estuviesen requetecasadas  y algunas fuesen incluso no madres, sino abuelas), y mi adorada señorita Lydia, (que por cierto, ella sí que era joven), al ver aquello  empezó a ponerse primero lívida, luego roja, muy roja, completamente roja  de irá.
Y entonces me gritó:

 "El rojo es el color del demonio",

y me dijo que como se me ocurría pintar algo así ,

para la dulce y pura María,
y lo peor de todo es que tuve que repetir el trabajo, esta vez debería usar el azul celeste, el blanco y el rosa pastel, ¡menuda cursi redomada!. Evidentemente me puse a llorar como una desconsolada y decidí que el rojo sería desde entonces mi color favorito, (a día de hoy aún lo sigue siendo).
Ahora caigo en la cuenta de que, aunque no precisamente por su físico, mi profesora, la señorita Lydia se parecía bastante a

la Señorita Rotenmeyer.
Para los que no sepáis de quién os estoy hablando os dejo este vídeo, para que os hagáis una pequeña idea.



El nombre de Lydia quedó escondido en un oscuro rincón de mi mente y no volví a recordarlo hasta treinta años más tarde, cuando ese mismo nombre se cruzó en mi  vida relacionado con otra persona de autoridad, mi jefa, la diseñadora de moda Lydia Delgado, pero esta es otra historia.
Y hablando de cursilería...

yo me pregunto: ¿hay algo en el mundo más cursi que el día de  la madre?.
El día de la madre en muchos casos no es más que algo cómodo e hipócrita, las flores, los regalos y los te quieros de una vez al año y luego no hago nada para facilitarte la vida en el día a día.


Y es que la maternidad según nos la han vendido es cursi, muy cursi, todo eso de que ser madre es lo más bonito del mundo y que una mujer sin hijos es como un jardín sin flores me parece una auténtica patraña y una estupidez. Tener hijos es una decisión  que ha de ser tomada entre dos personas, (a no ser que desees ser madre soltera), es un proyecto de futuro y también un hecho que acarrea mucha responsabilidad y no siempre estamos preparados para afrontarlo y para acometerlo correctamente.Un hijo tiene que ser educado, no malcriado, un hijo es una persona ajena a nosotros, no una extensión nuestra, le  pese a quién le pese, no es alguien destinado a hacer lo que nosotros queramos de él o lo que en su día no pudimos hacer. Por eso ser madre para mí es una opción tan válida como no serlo, no hay que poner a las madres en un altar, porque las hay buenas y malas,
 (sino acordaros de la película Psicosis), 
y  yo conozco a más de una en la realidad que por celos, por  inconsciencia  o inestabilidad mental también han sido unas malas pécoras con sus hijas, y luego están las otras, la gran mayoría, que han tomado el papel de sufridoras y han tirado sus vidas por la ventana y acaban por  echar sobre sus hijos  toda su rabia y su frustración acumulada,  pero,

¡ojo!, 
que yo no digo que estas pobres mujeres tengan la culpa de nada, bastante tienen con la que les ha caido encima, la culpa como la mayoría de las veces la tiene la religión y la incultura y la poca educación, o peor aún una educación errónea y una sociedad equivocada que a mucha gente le cuesta esquivar porque no tiene los medios o la capacidad suficiente para  hacerlo.
Mi madre es una de las sufridoras. De niña la adoraba, yo era muy muy tímida y  pasé mucho tiempo escondiéndome literalmente detrás de su falda, ella era muy cariñosa y protectora conmigo, pero luego cuando fui más mayor me daba pánico, porque gritaba mucho y tenía muy mal humor, y cuando me enfadaba con ella, le llamaba por lo bajini señora con el pelo de rulos o Pérez Gil,

que era el nombre de un caracol que salía en Barrio Sésamo y al que en realidad todos los niños llamábamos perejil. 
Mis padres pertenecen a lo que yo llamo la generación

sándwich, 
ya que ellos han vivido lo malo de dos épocas, se han sacrificado por sus padres y por sus hijos, con sus padres eran muy respetuosos, les llamaban de usted  y tuvieron que trabajar desde muy jóvenes y aportar dinero a casa ya que hacía mucha falta, (era la época de la postguerra), les tenían que dar todo el jornal de su trabajo y luego ellos les daban una pequeña paga de ese dinero para algunos gastos, era una época en la que se vivía muy austeramente, así que se llevaron la peor parte de los dos lados, por parte de sus padres  y por parte de sus hijos, que hemos sido muchas veces vagos, mimados y hemos pensado que lo merecíamos todo por el simplemente de haber nacido, de ser hijos, ¡difícil vida  la suya!.
A día de hoy pienso que lo hicieron lo mejor que supieron y pudieron.
Me gusta recordar a mi madre cantando coplas con esa voz tan bonita y aquellos gorgoritos que me hacían reír tanto, porque ella todo lo cantaba así, cuando era adolescente le hacía aprenderse canciones de los Hombres G para que las cantara de esa manera y mi hermana pequeña y yo nos reíamos, ahora que lo recuerdo era un bichejo, le decía que era redonda porque tenía barriguita y cuando era muy pequeñita y me cogía en brazos le preguntaba porque tenía rayas en la frente, ¡ay!, sinceramente me hubiese gustado que hubiese tenido una vida mejor.

Esta era una de sus canciones favoritas.


Y como bien vamos viendo madre hay más de una, y la hay para todos los gustos y de todos los colores, aunque  cada uno tiene la que le ha tocado y a eso tenemos que atenernos, pues nuestra familia, así  como nuestro entorno, la época en la  que nacemos o nuestras capacidades son las cartas con las que tenemos que empezar a jugar en este juego que es la vida. Y a mí, en una de las manos de la partida del juego de la vida también me tocó la carta de la maternidad, y decidí quedarme con ella y me convertí en una madre demasiado joven e inmadura, lo que evidentemente me ha hecho cometer muchos errores, lo cuál siento en el alma y en varias ocasiones le he pedido disculpas a mi hija por ello, y por todos los sufrimientos que le he podido causar, y es que ser madre no es fácil. Al principio mi niña para mí era algo así como mi muñequita, me gustaba mucho vestirla, comprar ropa para ella, recuerdo que solía llevarla muy ye-ye, con vestidos marrones o granates muy cortos o con leotardos de lana y jerseys de cuello alto, e incluso le hice algún vestidito, recuerdo uno muy cortito con flores que hice con una antigua camisa enorme de señora que compré en el Rastro por cien pesetillas.

Yo era pelirroja, ella morenita y con el pelo rizado, éramos la mismísima estampa del cuadro de Gustav Klimt.
Ver a un hijo nacer de dentro de tus entrañas es magia, pura magia, una de las sensaciones más asombrosas e impactantes que una persona puede vivir, pero eso es sólo el principio de una gran aventura, no olvidemos que lo que acabamos de traer al mundo es una persona, y las personas son al mismo tiempo algo muy fuerte y también muy frágil.
No se me va de la cabeza la idea de que ser padres debería ser algo mucho más controlado, sí, ya sé que es una idea muy nazi, pero al igual que para adoptar niños, para desarrollar una profesión, o para conducir un vehículo hay que tener una preparación, también debería tenerse para ser padres, porque tanta facilidad para procrear está llevando al mundo a la deriva,  sino echarle un vistazo al tráiler de la  película “Idiocracia”, de Mike Judge, y es que follar lo sabe hacer el más tonto de los tontos, pero educar a un hijo y hacerlo bien, es muy pero que  muy complicado.



Por eso también me gustaría deciros a vosotras que sentís el reloj biológico, que no presionéis a vuestas parejas, que no les pongáis entre la espada y la pared, que respetéis su decisión si no quieren ser padres, a nadie se le puede abligar a dar ese paso si no lo desea o no se siente preparado.

Ufff, esta entrada me ha dejado muy pero que muy triste, quizá porque hablo de cosas muy duras y muy personales, así que para cambiar mi estado de ánimo y de paso el vuestro os dejo con una canción que solía cantar cuando estaba embarazada.



Besos y que seáis unos padres estupendos, si es que es lo que verdaderamente deseáis.



viernes, 25 de febrero de 2011


 De pequeña quería ser princesa.

Recuerdo que solía decirlo así como quien dice que quiere ser azafata o secretaria, para mí ser princesa significaba ser femenina, guapa, buena y encontrar  a una persona con quien compartir la vida, encontrar el amor...y ser feliz, sobretodo quería ser feliz, porque antes del colorín colorado siempre iba: "y fueron felices y comieron perdices", eso si, eso de comer perdices me parecía una solemne tontería, yo no quería comer perdices, yo quería comer ...

¡¡¡¡¡jamón de pata negra!!!!!

Cuando tenía unos diez años fui elegida para interpretar a la princesa de un cuento que se llamaba "la princesa maleducada", representábamos la obra en el patio del colegio, unas veces para unos cursos y otros para otros, en una de las escenas tenía que saltar y colgarme de mi padre el rey, en señal de cariño y alegría, y ahí, delante de un montón de compañeros el vestido que llevaba, (que por cierto era el de mi primera comunión), se subió más de la cuenta y todos pudieron ver mis ...
 bragas.

A partir de ese día me hice muy popular en el colegio, pero yo no quería ser popular, yo quería desaparecer, yo quería dejar de escuchar risitas y comentarios jocosos a mis espaldas.
A partir de entonces odié a las princesas.
Y pasé a darle la razón al gran poeta Joaquín Sabina, aquí en Madrid las niñas ya no quieren ser princesas.



Además la única manera factible que hubiera tenido de ser princesa era casarme con Felipe, y la verdad es que, aunque es más o menos de mi edad nunca me gustó, demasiado alto, demasiado rubio, demasiado pijo, de demasiada buena familia...


Pasaron algunos años y mis bragas pasaron de moda y una princesa apareció en el mundo con mucha fuerza, era la princesa Diana de Gales.


Todos decían que era guapa, yo ni entendía antes ni entiendo ahora donde podían verle la belleza, porque yo no se la encuentro ni debajo del cardado; que vestía bien, ¡dios mío!, pero si era horterísima....en fín, que me parecía que el mundo se había vuelto loco de remate.



Aquel verano fui a veranear a la playa de Estepona con mi familia y unos amigos. Uno de los días en los que estabamos sentados en el comedor del hotel mi amiga Paloma me dijo que con esa ropa que me había puesto me parecía a Lady di, ella pretendía ser amable, pero yo puse cara de furia, me levanté y muy solemnemente abandoné el salón muy indignada. Mi amiga se ganó una buena e injusta bronca y yo también, (aunque la mía de injusta no tenía nada). Hoy nos reimos al recordarlo. Diana, la princesa del pueblo, la princesa infeliz, murió huyendo de la prensa cuando parecía que comenzaba a encauzar su vida, ¡pobre rica!.


Pero aquí no acaban mis encuentros y desencuentros con las princesas, porque hace un par de años, estaba yo tranquilamente colocando y poniendo a punto la tienda donde trabajaba, cuando aparecio una mujer de trentaitantos años, yo la saludé y a los dos segundos apareció otra más mayor que me explicó que iba con ella. La más joven necesitaba un vestido para un acto público, el ambiente era relajado, conversamos e incluso bromeamos, hubo mucha complicidad, me pareció que echaba en falta ese trato y que disfrutaba con él, era inteligente, observadora y muy simpática. A los pocos días volvió a la tienda para arreglar el vestido que había elegido, esta vez yo no estaba, era mi día libre, pero si estaban la diseñadora, la modista y la encargada.
Unas semanas después una  tarde sonó el teléfono, era una voz de mujer, preguntaba por mi, nadie preguntaba nunca por mi, ¡¡¡¡yo era la nueva!!!!, al confirmarle que era la persona con la que quería hablar se identificó como  Letizia Ortiz y me hizo saber que llamaba para que yo, Estrella, supiera que el vestido había quedado perfecto y para  darme las gracias por todo.

 Este es el vestido de la diseñadora Lydia Delgado que eligió la princesa Letizia.

¡Y es que ser princesa a tiempo completo debe de ser un rollazo!, ¡mejor dejar salir de vez en cuando a Letizia Ortiz!, uno no debe olvidarse de sus orígenes, chapó por ella y su buen hacer, yo le deseo lo mejor, de corazón, aunque mucho me temo que no coincidamos en la idea de que es lo mejor, porque para mi lo mejor es... ¡¡¡la República!!!.

Y  fueron felices y comieron....


ricas viandas asturianas.


Y por último os quiero contar un secreto acerca de las princesas, para los que no lo sepáis ya os lo digo yo, las princesas, o por lo menos las infantas bailan rock.

¡O qué os lo creáis o no, las infantas bailan rock! Y a ritmo de fox trot me despido hasta la próxima.


Besos.

miércoles, 23 de febrero de 2011


Ayer tuve un regalito muy especial,  Vanesa G. Arias del blog Shopper in the city me ha votado como uno de los 5 blogs que más le divierten, para mi ha sido todo un honor.
Y como las normas son las normas, ahora me toca deciros 10 cosas sobre mi, para que me conozcáis un poquito mejor, y votar los 5 blogs que más me divierten.


Asi que ......¡¡¡¡¡A jugar!!!!

Acerca de mi.
1. De pequeña era muy muy tímida, a veces cuando el profesor me preguntaba algo le decía que no lo sabía, aún sabiéndolo, solo por no salir a la pizarra, más de un cero me he ganado de esta manera.
2. A los 17 años gané una copa en un concurso de atletismo, fui la primera mujer de todas las categorías en alcanzar la meta.
3. He tenido como clienta a la mismísima princesa doña Letizia Ortiz y os diré que su comportamiento conmigo fue de 10, olé por ella, a mi ya me tiene ganada, y eso que soy republicana.
4. De pequeña quise ser escritora, astronauta y presidenta del gobierno.
5. Mido sólo 7 centímetros de estatura más que Alaska.
6. Odio madrugar, tener que levantarme todos los días antes de las 8 de la mañana para mi sería lo más terrible del mundo.
7. Hace ya varios años que no tomo el sol, me gusta como luce mi piel en toda su espléndida blancura.
8. Vestirme es mi principal expresión artística.
9. Antes no me gustaba nada que me dijeran que soy rara, ahora me encanta, aunque yo diría que rara, lo que se dice rara no soy, aunque si un poquito peculiar.
10. Me gusta mucho hacer el payaso y contar historias, por eso creé este blog, para dar rienda suelta a mi imaginación y haceros pasar un buen rato.

Los 5 blogs más divertidos para mi son:
(he de advertir que algunos de ellos son francamente serios)

Alicia en el país de los potingues
Rompecabezas Vartabedian

Trás una búsqueda exhaustiva, he llegado a la conclusión de que no hay muchos blogs divertidos,
o al menos que a mi me lo parezcan, hay muchos que me gustan pero no los podría definir como divertidos y otros que pretenden serlo pero a mi no me lo parecen en absoluto.

La verdad es que me ha costado horrores completar la lista.

 Os prometo que prontito prontito habrá una entrada con más chicha y más limoná.





Besos